El «Lloro» de la Vid: El fascinante despertar del viñedo tras el invierno

El invierno está llegando a su fin. En el viñedo, tras meses de silencio y reposo aparente, algo mágico está a punto de suceder. Si paseas entre las cepas en esta época, justo después de la poda, es muy probable que te encuentres con un espectáculo curioso y conmovedor: pequeñas gotas transparentes brillando en los cortes de las ramas. No te asustes. No es que la viña esté triste. Todo lo contrario: es el primer signo de que la vida vuelve al viñedo. En el mundo de la enología, este fenómeno se conoce como «el lloro» o «las lágrimas» de la vid. Es el pistoletazo de salida de un nuevo ciclo vegetativo que culminará, meses después, en la vendimia. ¿Quieres entender qué está pasando realmente dentro de la planta? Te lo explicamos de forma muy sencilla en el siguiente vídeo. La Fontanería de la Vid: ¿Por qué ocurre el lloro? Como explicamos en el vídeo, para entender el lloro tenemos que imaginar la vid como el sistema de calefacción de una casa. Durante el reposo invernal, la planta «duerme». Pero, en cuanto los días se alargan y la temperatura del suelo supera los 7-10 ºC, las raíces despiertan de su letargo. Comienzan a absorber agua y nutrientes del suelo y a bombear esta savia bruta hacia arriba con una fuerza sorprendente. El problema es que, tras el frío invierno, las «tuberías» internas de la planta (técnicamente llamadas xilema) han acumulado burbujas de aire que bloquean el paso de la savia. Es exactamente lo que ocurre cuando un radiador no calienta bien y necesita ser «purgado». La presión que ejercen las raíces funciona como esa purga: disuelve y empuja el aire fuera de los conductos, limpiando el sistema. Como la planta aún no tiene hojas que puedan absorber este torrente de líquido, la savia brota por las heridas y cortes que ha dejado la poda reciente. Datos Fascinantes: ¿Cuánta savia suelta una cepa? Este proceso, aunque vital, tiene una duración limitada. Suele comenzar unos días antes del desborre (la apertura de las yemas) y concluye unas dos semanas después. La cantidad de líquido que derrama una cepa es sorprendente y depende de factores como la humedad del terreno, la edad de la cepa y la velocidad a la que se caliente el suelo. No es extraño que una sola planta libere entre 1 y 5 litros de savia durante este periodo. Esta «agua» no es solo agua. Contiene una mezcla compleja de elementos minerales y compuestos orgánicos (como azúcares y aminoácidos) destinados a rehidratar las yemas, hincharlas y darles la energía necesaria para que broten las primeras hojas. Es, literalmente, la savia de la vida circulando de nuevo. El Inicio de un Viaje El lloro no debilita a la cepa; es un proceso natural y necesario para restaurar su función vascular tras el hielo del invierno. Es el aviso de que la naturaleza ya se ha puesto en marcha y de que pronto el viñedo se teñirá de verde.